| Con la “Casa” en el alma |
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Por Tatiana Pérez Rivera /
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Angélica Rivera compartió la experiencia transformadora del arte con los asiduos a Casa Pueblo y en el intento alimentó su espíritu con imágenes adjunteñas que llevó al lienzo. Adjuntas se coló por los ojos de Angélica Rivera. La joven puertorriqueña radicada en Texas culminó su residencia de tres meses en calidad de artista en la organización comunitaria Casa Pueblo y múltiples han sido los resultados del encuentro entre ambos.Quince óleos intentan explicar cómo la experiencia le marcó durante el tiempo en que vivió al ritmo de los adjunteños y compartió con ellos el aire puro y un tanto frío de la montaña. Rivera además fue maestra en Casa Pueblo, sede de la organización situada en la Calle Rodolfo González # 30 del casco urbano. En el Instituto Comunitario de Biodiversidad y Cultura/Escuela Elemental Washington Irving impartió clases de arte durante la semana mientras que los sábados los dedicó a tres sesiones abiertas público general. “Fui a enseñar y terminé aprendiendo más de lo que enseñé”, sentencia de entrada la joven artista, “el tiempo en Adjuntas fue espectacular. Fue bien productivo para mis estudiantes, para Casa Pueblo y, especialmente, para mí”. Dos semanas más permanecerá la muestra en Casa Pueblo y de ahí partirá hacia la Galería Prinardi en San Juan. La montaña, los niños, las mariposas y el tiempo fue bautizado el trabajo que tiene además como vecinas las piezas de sus estudiantes de todas edades. “Trabajamos y vimos los frutos. Al final del curso muchos me expresaron su interés en seguir porque se les abrió la curiosidad de experimentar en las artes; nunca imaginaron que tenían la capacidad de expresarse así”, sostiene la pintora, quien se convirtió en la primera en participar del Programa de Artista Residente de Casa Pueblo. A los 23 estudiantes que atendía en la semana se sumaban algunas mamás que querían aprender y acompañarlos. Cuando sus obras fueron expuestas, con orgullo los pequeños le hacían guardia y estaban más que dispuestos a dar detalles sobre su creación. Los fines de semana los alumnos presentaban las características más diversas. “Había una familia que no fallaba, venían desde Utuado. Era el abuelito, la hija y dos nietos y les encantó la experiencia”, puntualiza. Las enseñanzas fueron recíprocas y asegura es difícil verbalizarlas. “Como ser humano crecí mucho al tener ese contacto con tantas personas, al verme como maestra y al poder mantener el interés constante por tres meses. Fue especial ver que respondían, que había sed de aprender. Creo que me integré a ellos de manera bonita”, dice con emoción. Para Rivera, Casa Pueblo la enseñó a “ser maestra”. “Descubrí con ellos cuán importante es la enseñanza para los niños. Fue una manera de reforzar mi compromiso ante una comunidad, ante tu país y, más que nada, ante la cultura”, reflexiona para luego mencionar que dejó las puertas abiertas con la organización para repetir la oportunidad de ser un recurso de enseñanza. Artista mariposa Mientras vivía en su “palomar”, -como se refiere al lugar donde residió- la artista experimentó una metamorfosis similar a la de las mariposas en ciernes que veía en el mariposario de la región. “Uno cambia ante ciertas experiencias”, acepta. Colores nuevos, trazos inesperados, la urgencia por traducir en el lienzo lo que sus sentidos percibían la llevó a crear sin detenerse. “Trabajé imágenes de la biblioteca de Casa Pueblo, de cómo se veía el campanario de la iglesia desde mi palomar en la montaña, orugas crisálidas, niños y mariposas monarcas volando. Las hojas de yagrumo fueron las favoritas de todos allí, hice un retrato de Eugenio María de Hostos. Todas esas imágenes me cautivaron, retraté lo que es vivir en Adjuntas”, asegura orgullosa. Pronto retorna a Texas -donde hace un tiempo reside- lista para contar que “en Adjuntas se vive en contacto con la montaña”. “Ellos aprendieron a descubrir el arte y cuando eso pasa empieza el sentido de pertenencia. Cuando empiezas a querer eso que dibujas, cuando estás poseyendo eso que transmites en tu obra es una manera de crear pertenencia. Yo pertenezco a Casa Pueblo”, concluye. |
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Adjuntas se coló por los ojos de Angélica Rivera. La joven puertorriqueña radicada en Texas culminó su residencia de tres meses en calidad de artista en la organización comunitaria Casa Pueblo y múltiples han sido los resultados del encuentro entre ambos.