Plano del Pueblo de Adjuntas para el 1880.

Historia de Adjuntas

El giro que siguió el ramo del comercio a partir de la década de 1850, fue una de continuo crecimiento. No obstante, de ese auge comercial no participaron mucho los adjunteños, quienes gradualmente vieron como esa actividad era monopolizada por extranjeros, peninsulares o sus descendientes, muchos de los cuales ni siquiera eran residentes del municipio. De 27 negocios establecidos entre 1863 y 1864, solo 7 pertenecían a personas nacidas en Adjuntas.

En el 1865, se construye un nuevo cementerio, al final de la calle San Joaquín, cruzando la quebrada de los muertos.

En la historia puertorriqueña, al año de 1867, se le conoce, como el Año de Calamidades. El 15 de septiembre de ese año se remite desde Adjuntas una petición al Gobernador de la isla, para que aplazara el pago de las contribuciones a la municipalidad; una tempestad maltrató la iglesia, más de 300 casas, una porción de bohíos, la agricultura y el ganado. Lo peor de todos éstos siniestros son las desgracias personales que hay que lamentar, dos muertos y tres heridos.

El 29 de octubre, el ciclón de San Narciso, causó grandes daños a las propiedades, sufriendo nuevamente la agricultura y el comercio grandes pérdidas.

El 18 de noviembre, hubo un terrible terremoto, que tal vez haya sido el más horroroso que hasta la fecha haya ocurrido y registrado la historia de Puerto Rico. Las sacudidas duraron unos cuántos días. Muchos edificios de mampostería sufrieron daños en toda la isla, incluyendo la iglesia de Adjuntas.

Además, para este año, queda vacante la plaza de maestro del pueblo por la cesantía del profesor Don Luis Rubio. Los intentos por conseguir un suplente se venfrustados por los calamitosos sucesos ocurridos.

Entrada la década del 1870, la época de oro” de la agricultura adjunteña comenzaba a perfilarse, donde el número de estancias registrarlas iba en marcado aumento. Las vías de comunicación entre los barrios y los pueblos de la isla denotaban un sustancial progreso. Gracias a su temperatura tan agradable y el empuje económico que había, se considera para el siguiente año 1871 un gran centro de veraneo y posee un famoso hotel, llamado ‘La Adjunteña”, del Señor Ginestre.

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