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Historia de Adjuntas Imprimir
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Historia de Adjuntas
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COMPONTE. Por medio del cual se atemorizaba mediante amenazas, palizas, encarcelamiento, y torturas físicas a los elementos liberales del país. Muchos vecinos de Adjuntas sufrieron en carne propia los rigores del "componte"; (palabra de origen cubano). En ésta municipalidad dieron el comienzo, siendo luego extendido hasta Juana Díaz, Ponce, Guayanilla, y otros pueblos de la isla hasta llegar a Mayagüez. (Ver Tema Aparte).

Como primeros maestros a cargo de la instrucción pública para varones, encontramos a Don Bartolomé Llabrés, y a Don Rosendo Cordero en el año 1887.

En la última década del siglo XIX, la instrucción pública en Adjuntas, durante el dominio español, refleja el mayor crecimiento, aumentando modestamente el número de escuelas, de estudiantes y el presupuesto asignado para instrucción.

El 19 de agosto de 1891, San Magín, es el próximo ciclón del cual se tiene noticia. Las casas perdidas no se contaban. Unas cuantas desgracias personales; una quebrada que atraviesa el pueblo arrastró a una tal Dominga Lugo, al tratar de salvar a un familiar. En el arroyo del barrio Saltillo, murió ahogado él joven Miguel Mezquida; una descarga eléctrica mató al joven Rosa González.

En 1892, se fundó la Lógia Masónica 'Luz de la Montaña", y el primer Venerable Maestro de dicha logia adjunteña lo fué el Señor Rodulfo González y del Castillo. Fué un lunes 25 de julio de 1892, cuando Don Rodulfo González, natural de Mayagüez, de 75 años, sostuvo conversaciones con varios masones, y convino entre ellos fundar una logia en los valles de Adjuntas., y por ello habían decidido reunirse en la casa de dicho hermano. Eran las 8 de la noche, y habían llegado los "hermanos" que más adelante se relacionan. Todos estaban contestes en que se exponían a la persecución, y a la enemiga del gobierno que agarrotaba la libre expresión del pensamiento, y perseguía las reuniones de ciudadanos sin el permiso de la autoridad.

El Señor Rodulfo González expuso los motivos de la reunión y acto seguido se procedió ala elección de los dignatarios y oficiales que habrían de dirigir la nueva logia.

Inmediatamente fué propuesto por el Hno. Antonio Tacaronte y secundado por el Hno. Grillasca, que se solicitara la carta Patente a la Gran Logia Soberana de Puerto Rico, que para entonces tenía su cede en Mayagüez. Así fué aprobado Jubilosamente por todos los presentes.

El Hno. Santiago Pietri, ofreció a la Logia un local, en la calle del Agua, el mismo que ocupó desde 1892 hasta el 6 de junio de 1955, cuando fué destruido para construir el nuevo edificio.

Fué de acuerdo de todos comprar dicha casa mediante acciones y a plazos. El Hno. Ulpiano Colón prestó 144 pesos, y 32 centavos, para adquirir la necesaria decoración para el Taller. La logia empezó a funcionar y antes de terminar el año, había hecho su ingreso, por iniciación y afiliación un gran número de hermanos.

La Logia fué consagrada con toda solemnidad del ritual, el 7 de mayo de 1893, y al efecto se acordó dar cuenta al Gobierno General de la Provincia para cumplimentar lo estatuido en las Leyes de Asociaciones con certificación de haber quedado constituida de un todo, la 'Logia Luz de la Montaña".

En el 1894, por Real Orden se le concede a Adjuntas el título de Villa, el 15 de junio de 1894, siendo para entonces gobernador de Puerto Rico, General Don Antonio Daban y Ramírez de Arellano, quién gobernó desde el 10 de enero de 1893 a el 22 de junio de 1895. El alcalde de Adjuntas lo era Don José Garrigó.

En dicha época, ocurrió un alzamiento en los pueblos de Yauco y Adjuntas. En el 1895, también ocurre que una plaga de insectos conocida por "vaquitas" arrasó los cafetales de Adjuntas.

Como mencionamos, para el 1895, el alcalde lo era el Sr. Don José Carrigó, considerado el mejor alcalde y más activo de los ejecutivos de la época de España.

Construyó la segunda casa Alcaldía, ya que la primera fué consumida por un incendio, perdiéndose así toda documentación sobre el pueblo hasta aquel entonces. Fué construida en las calles Rius Rivera, esquina San Joaquín., La misma era de maderas del país con balcón a los lados norte, sur, y este.

Contaba con un salón amplio de bailes y reuniones, con ocho elegantes cortinas de Damasco, color vino tinto, lucían el aspecto de un salón en un gran palacio de una nación europea.

Construyó, además, la plaza de recreo, la carnicería municipal, ajuntó las calles Dr. José Celso Barbosa y Muñoz Rivera., construyó un hospitalillo continuo a la Casa Alcaldía.

En cuanto a la organización territorial, no ocurrió cambio de importancia desde el 1878, hasta el 1898, cuando se trueca el nombre del barrio Jajales por el de Yayales, que conservan en la actualidad.

Ya en postrimerías de este siglo, la agricultura adjunteña y particularmente la producción cafetalera recibiría dos rudos golpes; uno lo fué el ciclón San Ciriaco, ocurrió el 8 de agosto de 1899, el cual hizo estragos en la agricultura, estimándose las pérdidas en un 55% a 60% de árboles de café, y sombra, y en las cosechas una pérdida de un 60%, Lo otro fue la invasión y permanencia del gobierno norteamericano en la isla, reforzado además por las bajas en el precio del mercado internacional.

Adjuntas, es ocupado militarmente el 9 de agosto de 1898, por las tropas norteamericanas, y los efectos de la nueva política agrícola implantada por el nuevo régimen a principio del siglo XX se vería prontamente.

Rafael de J. Cordero señala que el valor del café fué adversamente afectado por las nuevas relaciones políticas y tarifarías, que inevitablemente trajeron cambios en las relaciones comerciales de Puerto Rico con el exterior.

Durante la primera década del siglo XX, el precio del café en dólares bajó cerca de la mitad, del precio en pesos españoles a que se exportaba durante los últimos años de la dominación española.

Los hacendados adjunteños entrarían al siglo XX impregnados por la crisis de su principal fuente de riqueza de la cual no se recuperarían., siendo cerrado con ésto, la época de "oro" del café. Para luego surgir la época de remembranzas de esos tiempos, donde los descendientes de hacendados añorarán el retorno a esa vida, no así los peones que dejaron atrás recuerdos amargos y tristes.