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El único documento que arroja luz sobre la identificación de los habitantes que toman parte en los trámites de la fundación es una transcripción del acta de erección de la parroquia de Adjuntas.

Se encuentra como representante de los vecinos propietarios a Don Diego Maldonado, quién probablemente proviene de las familias Maldonado de Utuado, las cuales son identificados por Fernando Picó en su libro "Libertad & Servidumbre en el Puerto Rico del siglo XIX".

Es de suponer que Don Diego Maldonado se beneficiara de la experiencia adquirida por don Lope Maldonado, quien para el 1744 sirve como procurador general de las gestiones para establecer la propia parroquia de Utuado.

Fué durante la fructí­fera gobernación del General Don Salvador Meléndez, en la segunda década del siglo XIX, que data la fundación de Adjunt­as. En ésta época de la promulgación de la histórica Cédula de Gracia 10 de agosto de 1815, que eficazmente influyó en el progreso social y económico de España. Es la época también en Puerto Rico, del benemérito Primer Intendente Don Alejandro Ramí­rez, de feliz recordación; en la Madre Patria, de la época vibrante en que Napoleón es expulsado de la Pení­nsula, siendo reintegrado en el trono de España el rey deseado Don Fernando VII.

Desde los primeros años del siglo XIX existía en el valle en que hoy está enclavada la acogedora población, un conglomerado de alrededor de 20 familias que formaban parte de la parroquia de Utuado. Estas, ubicadas en lo que hoy día se conoce como "Canas", la cual era simplemente el camino de herradura que daba entrada a los que a caballo y cargas en mulas, llegaban de Lares, Utuado, y de los barrios localizados en los puntos norte y oeste.

Como la distancia hací­a dificil la administración de los auxilios espirituales a los feligreses allá­ congregados, acordaron los vecinos, solicitar de las autoridades eclesiásticas la erección o construcción en el poblado de una nueva parroquia, y al efecto, eligieron por su representante a Don Diego Maldonado, apoderado del vecindario.

Construí­da la iglesia de tabla y tejas y cumplidos los trámites de rigor, y acordada la autorización tras haber realizado una visita de Inspección el Reverendo Padre José Policarpo Pérez, quien mas tarde vino a ser el primer párroco de Adjuntas, aunque al principio con carácter provisional. Correspondiá otorgar el permiso de referencia, al Licenciado, don Nicolás Alonso Andrades y San Juan, profesor en ambos derechos, abogado de los Reales Consejos y del Ilustre Colegio de la Real Cancillerí­a de Valladolid, Canónigo Decano de la Santa Iglesia Catedral del Obispado de Puerto Rico, Vicario general Capitular y Comisario Sub-delegado del Tribunal de Cruzada, según consta del documento original de la fundación de la Parroquia de Adjuntas, librado en Puerto Rico el 11 de agosto de 1815, firrmado y sellado y refrendado en forma ante el Notario Mayor, Don Pedro. Rodrí­guez de Arellano.

Don Juan de Jesús La Torre, un benefactor que poseí­a gran cantidad de tierras en el centro de la isla, donada a él por meritorios servicios a la corona de España, como ciudadano civil o militar o servicios en Palacio en Madrid, de origen isleño, (Islas Canarias); donó todo el terreno que hace la plaza y atrio de la Iglesia de Adjuntas, pues la iglesia ya estaba construida en el centro de la actual plaza.

El donador del terreno habí­a dispuesto que ese solar fuese de una cuerda exacta cuadrada, para construir casas residenciales, comerciales o industriales.

En el 1894, por la Orden Realfué nombrado Villa, con lo cual se reconociá el espí­ritu cí­vico y progresista de la culta ciudad, privilegio y merced que nunca obtuvieron muchos de nuestros pueblos más importantes. Para ese entonces el gobernador lo era, el General Don Antonio Dabún y Ramí­rez de Arellano.